Travesía en Kayak de Chascomús a Mar del Plata
El día Miércoles 8 de Enero de 2003, por la mañana, partieron en kayak desde
"Las Escalinatas", cuatro palistas, con la idea de unir por agua la ciudad de
Chascomús con Mar del Plata, mediante el Canal 15, el Río Salado y finalmente el Mar
Argentino. Este grupo estaba formado por Andrés Koch, Gerónimo Etchart, Franco Filannino
y Julio Langono, integrantes de la Agrupación de Kayakistas de Chascomús.
El ritmo del viaje propuesto fue de seis a ocho horas diarias de marcha regulada, intentando cubrir entre cuarenta y cincuenta kilómetros por jornada, ya que el desafío no fue una carrera para ver quién llegaba primero, sino llegar todos juntos a destino.
A pesar de que aprovecharon las buenas corrientes y vientos para avanzar más en el viaje, aunque pensaban cubrir el recorrido en unos ocho días, al fin lo lograron en el décimo, cuidándose en todo momento de no correr riesgos innecesarios y navegando en condiciones óptimas de seguridad.
Primeras etapas de la travesía
Afortunadamente, en el comienzo, el clima fue favorable, hasta que faltando unos 3 Km. para cumplir el primer tramo programado, los kayakistas debieron remar contra el viento alrededor de veinte minutos, antes de llegar al Paraje "El Destino", donde acamparían en una estancia por la tarde.
1. Sacando el polvillo a los proyectos archivados; no olvidados.
Corría el invierno y habíamos estado remando, cada cual por su lado, otro por el gimnasio, preparándonos... para que? Ni lo sabíamos. Unos decían: Este año no me pierdo la travesía de Barragán otros a mí me gusta remar...
Un viernes organizamos un asado, en casa de A. Koch. Y de sobremesa comenzamos a rememorar la década del 80 cuando se corrían las interminables bajadas del Salado para kayak y canoas, esto sacó a la luz un proyecto que varios habíamos tenido en mente y que por el paso del tiempo lo habíamos archivado como imposible. Se trataba nada más y nada menos que unir por agua Chascomús con Mar del Plata. En primera instancia no importaba si alguien ya lo había hecho, pero para nosotros fue como sacar el libro que guardaba el proyecto, del baúl de los recuerdos y sacarle el polvillo acumulado de los años. Seguimos hablando y pensando, con la mente a 1000 por hora y se planteaban unos cuantos interrogantes, ¿Que equipo será necesario? ¿Los kayaks que tenemos se adaptan 100 % para este proyecto? ¿Cómo lo comunicaremos a nuestros seres queridos cercanos, para que no parezca una locura de un quinceañero? (Con todo respeto por los jóvenes).
2. Adaptación y equipamiento.
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Teníamos unos meses de frío por delante, este tiempo lo utilizamos para prepararnos intensamente tanto en lo físico como en la adaptación a la embarcación, ya que según nuestros cálculos estaríamos sentados remando entre 8 y 10 horas diarias, por lo tanto programamos varias salidas de fin de semana, para hacer tramos cortos de hasta 30 Km. aproximadamente. Esto serviría como reconocimiento visual de la zona por la que después navegaríamos y cargar el GPS con los puntos que se presentasen ambiguos. Una de las salidas fue por las encadenadas, otra junto a los amigos kayakistas de Castelli en la zona de Rió Salado, paraje El Destino, hasta el puente de Pascua (embocadura del canal 15), pasando por debajo de la Autovía 2, y de cada salida quedaban relatos, vivencias (un tumbo inesperado debajo del puente de la ruta) y amigos visitados, y por que no decirlo... corderos comidos. Nuestras fuerzas individuales crecían de continuo, nuestro entusiasmo también, pero aún quedaba el mayor interrogante, ya que después de haber navegado casi toda una vida con mi fiel 5.50 (quiero detenerme un instante y recordarlo con orgullo, cuando por razones laborales me fui a vivir al oeste de la provincia, él me espero 15 años en un galpón a oscuras, tal vez recordando viejas navegaciones y tormentas a las hicimos frente y me llevó |
sin un sólo instante de zozobra). Cada vez que me bajaba después de navegar unas 4 o 5 horas, eran nuevas ampollas en las manos, el que les dije... ni hablar y el equipo que cargaba en el interior hecho sopa. Con todo, era necesario estudiar qué hacer ante una navegación de casi 500 Km.
No obstante en estas salidas cortas que habíamos realizado previamente algunos de los participantes lo hicieron con los Starloc de Meridien (MR), son otros kayaks, de diferente concepción, y por qué no decirlo parecían mas adaptados a las largas travesías. Tienen compartimentos estancos 100 % secos, un cockpit un tanto estrecho, pero con un confort maravilloso, y lo mas importante, son livianos de llevar, por lo que el desplazamiento de su masa en el agua es suave, por tanto la carga que se siente en cada palada es considerablemente menor con respecto a otro kayak de travesía.
También debimos replantearnos los remos a utilizar, ya que estábamos acostumbrados a usar cucharas, que son especiales para competir y la particularidad que tienen es que cuando se clavan en el agua quedan como enganchadas por lo tanto la tracción se aprovecha al máximo, pero lamentablemente esto no sirve para travesía, ya que el fin es diametralmente opuesto a lo mencionado antes... En una travesía uno trata de disfrutar del paisaje, el medio que nos rodea, la fauna silvestre y la camaradería, puesto que en cada navegación se conversa de un sin fin de temas con los viajeros, o tal vez nos damos cuenta que nos quedan chicos los ojos para mirar la maravilla de la creación que Dios hizo para nuestro deleite.
A grandes males, grandes remedios: Fui a buscar prestado un kayak Starloc hasta Castelli. Ni hablar de las cargadas y el consabido mirá que tiene una vuelta...
Ya en Chascomús lo probé a fondo en todas las circunstancias que pude, y me di cuenta que debía despedirme de mi fiel y antiguo compañero, que fue a parar a manos de un nuevo amigo que esta en sus comienzos.
Con todo el equipo conseguido, quedaba aún algo que no habíamos conversado con la profundidad del caso..... ¿Cuánta guita hace falta para el viaje? Pero eso es tema aparte.
3. El viaje o la travesía
Algunos se toman las vacaciones y viajan a la montaña, otros a las playas, ambos vacacionistas lo hacen en automóvil, u ómnibus, o tren, pocos en moto y los menos tal vez en avión. Pero nosotros... nosotros iremos remando.... ¿que tal?
Faltaban algunos días para que comenzara Enero de 2003, algunos de los viajeros hacía días que en seco ya habían comenzado a viajar, otros hasta habían perdido cuatro veces la lista de elementos particulares que el Capitán había entregado a cada uno, y que tal vez ya ni dormía pensando hasta en los mínimos detalles, que no son pocos para que el viaje sea con éxito y con riesgo cero, para equipo y vidas.
Particularmente sólo dos días antes pude dejar mis actividades para dedicarme a juntar las cosas y apilarlas en el living de mi casa. Mis hijos me decían a dónde pensaba yo poner tanto equipaje o si lo despacharía por encomienda, tildado de fantasma por los arreglos de tantos bártulos todo estaba listo para el día de partir.
La noche antes quedamos que nos levantaríamos muy temprano y cargaríamos todo en el camión de Andrés.
Llegó el día, me desperté muy temprano y tomé un amplio desayuno como para dar la vuelta al mundo, fui hasta la casa del Capitán y todo estaba en orden, llegamos a las escalinatas y acomodamos los equipos, de forma que quedasen presentables a los ojos de los que ya habían comenzado a reunirse, para despedir a los hijos del pueblo.

Había cámaras de TV. Los chicos de la radio, todos nos deseaban lo mejor, también hubo un reportaje, yo no creía que este viaje levantaría tanta polvareda, así que hubo que hablar algo en cámara y a los micrófonos, pero yo en un momento dejé de prestar atención y hubo una cargada picara e intensa, con respecto a la edad o ancianidad del capitán, algo así como los dinosaurios que se extinguieron, así sería también el liderazgo del capitán.....
No recuerdo la respuesta del Capi. Pero más adelante veremos cómo distribuyó jinetas a los viajeros.
Así que los 5 de la partida procedimos a cargar los alimentos (Todos donación de un comercio local y la Municipalidad) nos colocarnos las remeras que gentilmente también donó la Municipalidad de Chascomús, y... ¡ahora sí parecíamos un equipo¡
4. Las Encadenadas como objetivo
Pusimos los botes en el agua, no sé que hora era, pero soplaba un lindo viento norte que levantaba unas olas interesantes para barrenarlas, lo cual era nueva experiencia ya que nunca había navegado en esas condiciones de viento y olas con máxima carga.

Realmente salimos como locos, meta pala tratando de aprovechar al máximo la velocidad que nos daban las olas y el viento, por lo que cubrimos el tramo hasta la compuerta en un abrir y cerrar de ojos, buscamos un lugar para sortear este escollo, y pasó uno, luego el otro, y cuando el tercero pasó, lo arrastró la corriente contra el puente, así que el infortunado tuvo que apelar a todo su poder para dirigirse hacia una margen, llevándose consigo la línea que un pescador tenia en el agua. Yo pensé para mí: Acá se arma lío, puesto que la paz del pescador fue turbada y sólo podía ver que hacía gestos, cerraba sus puños y movía los labios, pero no escuchaba que cosas o insultos largaba...
Una vez en lo firme, ayudándonos entre todos pasamos la cinta asfáltica del camino hacia el otro lado y recomenzamos la navegación, un tanto más tranquila. Accedimos a la primera laguna encadenada Adela. El viento seguía firme, ya habían pasado algunas horas de navegación y comenzamos a comer unos panes saborizados que llevó el Gato Langono con bebida deportiva casera (Jugo de una fruta mas azúcar y una pizca de sal fina) recetada por nuestro amigo y nutricionista Javito. Navegábamos muy bien, pero yo pensaba en echar algo sólido a la panza, cuando mi ojo entrenado detecto una red de pesca furtiva, tendida en un paso angosto de dicha laguna, advertí a los demás de aquello, y el capitán aceptó buscar algo para comer en dicho elemento de pesca, de lo cual hay fotos que prueban el afano. Con la bodega llena decidimos parar para hacer un recreo ya que avanzábamos muy bien y había una linda ensenada a unos 1000 metros del acceso de la laguna Chis Chis. Todos, o casi todos tendimos la colchoneta a la sombra, digo casi todos porque Gero encarno la línea y se lanzó a pescar alguna tarucha, mientras fileteaba los pescados que sacamos de la red.
Una vez que descansamos lo suficiente, tomamos y comimos, vimos que era hora de darle otro saque, así que salimos rumbo a un punto que llamamos La Fábrica; allí tenemos casi el 50% del tramo de lagunas Las Encadenadas.
Pasamos casi sin vista y buscamos el recodo que nos lleva directamente al canal de acceso a laguna Barrancas, al llegar vimos que había comenzado una importante obra hidráulica para evitar las inundaciones en la cuenca, y también detectamos pescadores sobre el puente, ¿Otra vez lío? Por buenaventura no fue así, ya que habían levantado sus líneas decepcionados por la falta de pique, y conversando con ellos, les trocamos agua fresca por una lisa grande, que ya saben de donde salió.
Otra vez a pasar los kayaks por encima de un puente, y otra nueva partida, pero el sol pegaba muy fuerte y teníamos ganadas algunas horas de acuerdo con los cálculos de cubrir 40 Km. por día.

Buscamos una linda sombra, y a bañarnos en la laguna y tomar unos mates, los primeros verdes: amargos, luego por división de opiniones dulce.
Recomenzamos una navegación pegados a las barrancas de tierra de casi 30 metros de alto las que dan origen al nombre de la laguna, y disfrutamos de las curiosas formas que el agua talla en la graba que compone el suelo de la zona.
Todo iba muy bien hasta que en el horizonte apareció un frente negro, que venia a mucha velocidad para mi gusto, así que alertados todos, hicimos un poco de velocidad para tratar de llegar hasta el Rió Salado, pero al desembocar en el Puente Santa Maria, como de costumbre nos viró el viento y se vino con todo. Ese frente amenazaba con lluvia y rayos. Esto no es nuevo para mí, porque cada vez que navego por esa zona siempre tengo que vérmelas con tormenta, por tanto, enviamos a Julio y al Gato por delante rumbo a la isla, yo solo al medio, Gero y Andrés cerrando el lote.

Cuando llegamos a la isla, Andrés como capitán inauguró las decisiones, e indicó navegar hasta una estancia conocida como El Saladero, cuyo nombre tal vez se debe a que tiene arcadas y un cartel que indica varias direcciones. Ésta se encuentra en la otra margen y cada vez había mas rosca pero no llovía aún. En breve arribamos, nos secamos y con Andrés fuimos a solicitar permiso para hacer el campamento. Deambulamos por un tambo abandonado, los gatos flacos de allí caminaban por los corrales, pero nadie nos atendía, es más, en la playa había una lancha atracada, así que nos dijimos que las leyes costeras nos amparan y como no haríamos daño a nada y nadie, volvimos para avisar al grupo que estableceríamos las carpas. Claro, las colocamos bajo techo y ya comenzaba a llover, yo dormiría con Gero, y Andrés con los hermanos Langono.
Una vez establecidos, se decidió preparar la cena: Por un lado unos jugaron al truco, mientras yo cocinaba un tuco con tarucha y capelletinis al dente. Y de entrada una tabla con queso y salamines (la tabla era un remo auxiliar que ligo varias cuchilladas).
Con la panza llena y el corazón contento, me fui a dormir escuchando radio y la lluvia sobre el techo de chapas de la galería de la estancia.
Un nuevo día me sorprendió, eran las cinco y pico y mirando entre los árboles no veía ni una nube y el sol queriendo amanecer, también al capitán durmiendo a la intemperie.

Con apuro despertamos a todos, y parecían pirañas....salían de las carpas con el jarro, listos para desayunar.
5. El Salado y el 15
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Yo mientras tanto caminé hasta la playa y observé rumbo al Río. Era un aceite. Rápidamente desarmamos todo y nos hicimos al agua tomando al poco tiempo la corriente a favor del Salado. Pasamos por el paraje El Destino, debajo del puente y todo tranquilo, mas la paz no duraría mucho tiempo ya que en una islita, Gero necesitó parar, lo cual detuvo la marcha del grupo y perdimos un montón de tiempo. Yo quería parar una vez más antes de entrar a La Tigra, (donde el Río Salado se convierte en una laguna) así que hube de convencerlos a todos que era una buena oportunidad de ver algún cardúmen de lisas, las que no faltaron al encuentro. Para celebrar, repartí caramelos y barritas de cereal, y seguimos viaje llegando al |
mediodía a la Ruta 2, zona conocida como Guerrero donde hay un magnifico castillo, con un parque adornado por diversas arboledas. Buscamos un lugar apropiado para tener sombra sin alejarnos del agua y paramos para el almuerzo, que fue café con leche, masitas, queso y pan lactal. Además de una pequeña pero reparadora siesta, turbada por el enojo de Gero que pese a revolver todo su equipaje no encontraba los lentes de sol, ya para esa fecha habia perdido 4 pares.
Otra vez a remar: Pasamos debajo del puente, navegamos el río y al poco andar veo un pequeño animalito que luchaba contra una intensa corriente por ganar una orilla, lo comenté con los demás y a la distancia parecía una rata, pero cuando nos acercamos era una pequeña mulita, que Gero rescató cuando ya se habían acabado sus energía y se hundía en el agua, amorosamente la saco y la coloco en el interior del kayak para largarla en tierra firme mas adelante (¡Que buena acción¡).
También a poco andar pasamos frente a otro castillo conocido como Bella Vista y nos lamentábamos por no poder tomar algunas fotos de ese lugar. En esa zona el lecho del Río pasa a ser de piedra, por lo que se manifiestan ebulliciones e incremento de la velocidad del agua, hasta el punto de haber una cascadita, muy contentos nos propusimos llegar hasta la embocadura del canal 15 donde al margen hay un camping agreste que tiene un poco de sombra y pensamos que podía haber agua dulce (la zona tiene molinos que extraen agua salada), todo salió bien porque el cuidador del lugar recordó que antes habíamos estado por allí, y nos cedió su ración de agua dulce que había traído desde la ciudad.
Cuando miramos el reloj eran las 16.00; muy temprano para acampar, el sol aún altísimo y quemando, el canal con una correntada a favor aparente de 5 a 6 Km/h, y sólo faltaban hasta el final del canal unos 30 Km.
Todos teníamos ganas de seguir, y debíamos aprovechar el entusiasmo del grupo, entonces nos lanzamos a cubrir en el día aproximadamente 80 Km. con la esperanza de ganar un día de viaje y la promesa de pasar todo un día de camping y descanso al llegar al Cerro de la Gloria, el cual es un paraje de pescadores sobre la ruta 11 casi al final del canal mencionado. En el recorrido del canal rompieron la monotonía algunos carpinchos que al ser sorprendidos por la navegación silenciosa del Starloc saltaban desde la barranca al agua, y tal fue la sorpresa para Julio, que uno de estos capibara, casi cayó sobre la proa de su bote. En tanto la navegación fue tornándose cada vez mas aburrida, y nos dispersamos dejando atrás al Capitán y a Julio, por lo tanto estábamos rompiendo las reglas, cosa que duró poco tiempo, ya que recibimos una reprimenda por alterar el orden y la armonía junto con un castigo, que fue degradar a Gero a marinero raso.
Después de este trance, se veía a la distancia un puente que cruza el canal conocido como puente de Uranga. Nosotros pensábamos que ya casi llegábamos, pero pasaban los minutos y no lo alcanzábamos, hoy reflexiono el motivo, y es que en ese lugar hay mucha influencia por la marea y la velocidad del escurrimiento del canal se anula o invierte. Con todo, afectados por el esfuerzo arribamos a una pequeña bahía cercana a la Ruta 11, paraje Cerro de la Gloria, establecimos campamento y nos comunicamos con prefectura anunciando el esperado descanso y buscando información sobre el pronóstico del tiempo, ya que observábamos una tormenta que venía negra y con ganas de turbar nuestra paz, yo pensaba... estoy arto de tantas tormentas, pero mis deseos nada impidieron.
También hubo llamados telefónicos desde Chascomús, entre estos uno que nos causo profundo pesar, Gero tenía que abandonar el grupo, puesto que debía presentarse en un trabajo, y el Gato Langono se debatía entre seguir aún sin el equipo adecuado o regresar al kiosco, pero estos acontecimientos decidieron a que esa misma noche ambos regresaban a casa. La sorpresa fue cuando a la mañana estos mata arañas (frase muy usada como apelativo de una persona), aparecieron en el campamento o lo que quedo de él después de la tormenta que vino y nos hizo sopas.
Al llegar nos explicaron que primero durmieron un rato en el destacamento policial, y después en una parrilla a la vera del camino, y como la camioneta no llegó decidieron esperar.
Para no abrumar con
detalles, esa mañana nos despedimos y nosotros disfrutamos del canal y el sol hasta la
tarde cuando paseando por el poblado fuimos donde el pescador, a ver que opinaba de la
navegación por la bahía, y grande fue la sorpresa cuando nos dijo que a la mañana
había visto un grupo de kayakistas detenerse en la entrada del canal y después seguir
navegando. ¿Quienes serían?.... Claro yo no sabía, pero Andrés pensó en voz alta, son
los de Rosario, que todos los años salen de viaje.
6. Las Bahía de Samborombón
Alistamos todo esa misma tarde para entrar a la bahía, y al comunicarnos con prefectura categóricamente dimos términos náuticos y horarios militares que me causaron mucha gracia, casi no podía evitar la risa al decirle al oficial de turno: zarparemos a las cero quinientas y navegaremos en dirección tal, a vista de costa, hasta las mil setecientas........
Todo muy lindo pero en nuestro subconsciente estaba un nuevo objetivo, alcanzar y pasar a los Rosarinos.
Mi primera navegación por la bahía del Samborombón, para muchos considerada como un gran desafío, para mí un lugar único en el mundo por sus características y su fauna: allí las playas son de barro, donde pisas y te metes hasta la cintura, tal como una ciénaga, llenas de pequeños cangrejos negros, y en sus costas hay miles de aves que anidan dando un colorido espectacular a ese agreste lugar.
Con un ojo avizor podés ver chanchos salvajes tomando sus baños de lodo o comiendo las raíces de los carrizos, también hay ciervos de los pantanos que tímidamente corren para establecer distancia entre ellos y el hombre.
Por esos lugares teníamos el privilegio de poder navegar y disfrutar, mientras pasaban los kilómetros también pasaban las bocas de los canales y arroyos que entregan su caudal a ese estuario. A media tarde, aún sin ver nada, ni barcos, ni el faro de Punta Rasa, estábamos en un lugar desconocido, y paramos para descansar, tomar algo y con los binoculares intentar ver alguna señal conocida en el horizonte pero no apareció nada, así que otra vez a remar durante un tiempo y avanzar no se cuánto, hasta que detectamos un hermoso médano blanco de conchillas cerca del agua y hacia allí nos fuimos.

Armamos campamento antes del ocaso y cenamos ya con el último rayito de sol, pero la pregunta del millón siempre era ¿Dónde está el faro? Hicimos marcas en la conchilla y clavamos palos intentando adivinar dónde veríamos más tarde la luz del faro...
Pasadas las 21 hs. salimos a mirar aquella baliza salvadora para los navegantes, y para nuestra sorpresa estaba mas lejos de lo imaginado y completamente alejada de nuestras marcas, por lo tanto replanteamos las marcas y también hicimos nuevas, basándonos en las luces que divisamos en el horizonte correspondientes a Gral. Lavalle... creo.

A la mañana siguiente nos levantamos antes que el sol, y mientras desayunábamos esperábamos que apareciera en el horizonte. Gran sorpresa fue cuando salió por encima de la marca que señalaba el punto del faro, por lo tanto debíamos navegar por el camino de brillo que deja el sol sobre el agua. Sin demora estábamos remando, y de los Rosarinos ni noticias.
Pasamos frente a la Ría de Ajó, curiosamente estaba sin balizar (tal vez la tormenta de los días anteriores le soltó la boya).

Muy de a poco veíamos como el faro se agrandaba, también alcanzamos a divisar un monte que hay a su alrededor, luego reflejos de autos sobre la playa, pero en determinado momento prácticamente no avanzábamos, lo cual se debía a que estaba cambiando la marea y en esa zona la velocidad del agua puede llegar a superar la velocidad del kayak, así que el capitán nos animó mediante unos buenos gritos y encaramos las olas y las líneas de pesca de unos coreanos que sorprendidos nos miraban como dábamos vuelta el Cabo San Antonio.

7. El Mar Argentino
Entramos al mar Argentino y una vez que tomamos distancia suficiente de los pescadores tocamos las arenas de la playa y el almuerzo no se hizo esperar y de postre siesta..... la que fue interrumpida por el Prefecto Bello, que preguntó amablemente cómo habíamos navegado. Realmente me sentí protegido casi al extremo por la gente de Prefectura Naval Argentina, y en respuesta le agradecimos su cortesía y cuidado hacia nosotros, ¿y a los otros se los habría tragado el mar?
Luego debatimos una vez más sobre qué hacer, si seguir un rato más o establecernos allí.
Las playas de San Clemente del Tuyu están a pocos kilómetros y podemos comprar una birra y pizza, así que con esa idea rodando por la mente nos fuimos, y el viento, la marea y las olas nos empujaron plácidamente hasta una playa cercana al automóvil club, eran las 16 hs. Y nos enfrentamos al primer desembarco con rompientes.

Encaró Julio y después Andrés, yo último, mirando cómo el primero ganó la playa sin problemas, surfeando entre los pies de la gente, pero al segundo la buena racha le cambio y se llevó puesta una joven que andaba tonteando en las olas, y yo pasé como un viento al lado de unos chicos que me veían venir y no se corrían; pensarían que les iba a regalar caramelos...

Una vez en la playa preparé un pocito y coloqué el calentador, la pava, y saqué el mate, fue toda una revolución... no se imaginan como vino gente de todos lados para ver a los extraterrestres que bajaron en kayaks... Tal es que nos encontramos con vecinos de pueblos, y también a un conocido kayakista de Magdalena que disfrutaba de sus vacaciones.
A la tardecita pedí permiso al concesionario del balneario para armar campamento y nos cedió la terraza del bufete. Esa noche tomamos un baño de agua caliente, con jabón y champú y de cena dos birras heladas y pizza.

Cuando terminábamos de cenar recibí un llamado de mi esposa, quien me avisó que al día siguiente debía estar en Chascomús, con cierta urgencia, así que allí terminó mi viaje de vacaciones y placer.
A la mañana siguiente les preparé el desayuno como siempre, y los ayudé a transportar el equipo hasta la playa. Nos despedimos y ellos partieron con sabor amargo en la boca... serían las lagrimas que derramamos en ese abrazo de despedida. No sé...
Yo volví a la terraza y esperé unos 15 minutos para mirar dónde estaban mis amigos, y allá los vi, dos puntos que se perdían en la inmensidad del mar.
Estaba absorto en mis pensamientos cuando me sobresaltó el teléfono. Era el Prefecto constatando mi abandono y una vez cuidandonos como a niñitos.
Así viví yo esta travesía: del 8 al 14 de enero de 2003
Mis compañeros de viaje arribaron según lo planeado a Mar del Plata a los tres días de la despedida en la playa. Con ello se cumplió todo el plan.

No importa cuántos quedamos en el camino, debemos pensar que la parte del equipo que no llegó, fue necesaria para sustentar a los que sí llegaron.
Gracias a todos los que creyeron que era posible hacer esto y también gracias a Dios por acompañarme a cada minuto en este viaje.
Franco