INDICE          

CAPITULO I                ¡ Así que me largué !

CAPITULO II              Preparación del equipo

CAPITULO III            ¡Embarcación al agua!

CAPITULO IV            Por el Paraná

CAPITULO V            Río de la Plata y Cangrejos

CAPITULO VI           En el mar

CAPITULO VII           Villa Gesell

Recomendaciones y experiencias en el mar

Recorrido

Elementos y materiales

Agradecimientos

 

¡ ASI QUE ME LARGUÉ !

Uno nace con una idea, nace con una forma de vida. No creo en el destino, sí creo que desde chico sentí ganas de hacer cosas, por eso creo que la idea del viaje nació conmigo, cuando descubrí mi gusto por el deporte y cuando pasaba mucho tiempo entrenándome para jugar rugby, nadar o haciendo verdaderos entrenamientos maratónicos, tanto que desarrollé mi corazón hasta hipertrofiarlo.

Durante mi adolescencia jugué sucesivamente en todas las divisiones de rugby del Jockey Club y a los veintiocho años, después de varios golpes más o menos importantes, durante un partido recibí un cabezazo en el pecho que me produjo un paro respiratorio. Esto me hizo recapacitar y me decidió a abandonar la práctica de ese deporte y buscar otra actividad que lo reemplazara.

Fue Carlos Sanchez quien me hizo descrubrír el río en su embarcación de lona y madera.

Recuerdo que un día me invitó a la Costanera a tomar mate con bizcochos, cosa que no me entusiasmó porque por entonces el río no me atraía, pero fui igual. Como habíamos llevado la piragua, cargándola a mano desde su casa, la pusimos en el agua y Carlos salió a remar solo y al volver me invitó a subir, dimos un par de vueltas y al tomar confianza comenzamos a remar por la costa y sin darnos cuenta cruzamos el río.

Me acuerdo de esos momentos extraordinarios cuando el agua casi tapaba la embarcación, yo sentía con los pies la lona húmeda porque como era medio vieja se filtraba en algunos lugares. Cuando llegamos a la isla tuvimos que darla vuelta para sacar todo el agua que tenía y desde allí nos quedamos contemplando la ciudad. Un espectáculo inolvidable, me quedó grabado como si lo estuviera viviendo en este momento, porque allí aprendí a remar, a compartir una remada y creo que allí empezó toda esta cuestión del remo en mi vida.

En 1983, volviendo desde Monte Hermoso hasta Mar del Plata, por el camino de la costa, vi las embarcaciones de los pescadores que salían a pescar mar adentro y se me ocurrió que podía ser factible navegar con una piragua recorriendo la Costa Atlántica. No tenía ninguna experiencia al respecto pero parecía factible. Había que proponérselo y comenzar a investigar.

De vuelta en Rosario comencé a comentar la idea con algunos de mis amigos. Alejandro Dotti, uno de ellos, se entusiasmó con integrar el grupo, porque según sus palabras: "Un día Horacio me comentó que pensaba hacer un viaje en piragua de Rosario a Villa Gesell. En ese momento, por cuestiones personales, no podía pensar en viajar, cosa que me fascinaba desde chico, así que comencé a acercarme a Horacio para que no se olvidara de mí en el momento de realizarlo. Pasaron unos días y Horacio me dijo si quería participar del viaje y en ese momento pude contestarle que sí. Comenzamos a trabajar juntos en los preparativos y de esta manera comenzó la gran aventura para mí."

En la Isla la Invernada, en Puerto Carpincho comenzamos a ultimar detalles, tales cómo qué embarcación usar, modificaciones de la misma, equipo, mapas, entrenamiento necesario. Dentro de los preparativos, un fin de semana nos fuimos a un campamento de scouts en la isla, donde Cristian Marten, otro amigo, conducía el grupo. Fue muy importante, pues en esa oportunidad probamos el equipo y confeccionamos una lista de los elementos que luego utilizaríamos en el viaje.

A medida que progresábamos en las probables dificultades del viaje concluimos en averiguar que lo más difícil sería cruzar la Bahía de Samborombón y entrar y salir del mar.

Para experimentar esto último surgió la idea de ir hasta el mar con los botes, en auto y probar las entradas y salidas y la navegación costera marítima. Otro amigo, Baum, nos comentó que en años anteriores no pudo entrar con la piragua al mar sin que se le llenara de agua. Nosotros le preguntamos si había usado "copis" especie de pollera impermeable que cubre el hueco del asiento; al contestarnos que no, pensamos en confeccionar uno para evitar ese inconveniente.

Ya cerca de la fecha del viaje, fijada para el primero de enero de 1984,había muchas cosas en el aire y como las reformas de la embarcación no estuvieron terminadas para dicha fecha, decidimos suspender la partida hasta el año próximo.

En ese año tuve oportunidad de viajar con mi amigo Federico Chaufaille a las playas del sur de Brasil; allí comprobé la posibilidad de navegar en el mar con embarcaciones pequeñas, a pesar de que se trataba de bahías y no de mar abierto, se podía entrar y salir de ellas sin dificultad.

También leí un libro muy ilustrativo de Otrosky, un polaco que realizó un viaje por el Paraná desde Brasil hasta Buenos Aires.

También me dediqué a buscar más gente para realizar el viaje. Hice algunos afiches informativos y los coloqué en todos los clubes de la costa, aunque para hacerlo tuve que sortear algunos obstáculos porque en algunos clubes no me autorizaban a colocarlos. No se daban cuenta de que ellos debían apoyar esos propósitos y fomentarlos entre los socios. Pero no siempre es así.

Estuve esperando que se anotara gente pero no recibí ningún tipo de contestación aunque seguí insistiendo; muchos, en ese momento, lo tomaron a risa, otros se oponían diciendo que el viaje no se podía realizar por que era una locura.

En realidad yo me tenía mucha confianza, sabía cómo era el viaje, conocía las contras que tenía, pero también sabía que había que intentarlo. me propuse no pensar en la culminación del viaje sino en cómo comenzar; en realidad sentí miedo y vergüenza de no poder concretar ese proyecto, fue entonces que recordé que en algunos libros que tuve ocasión de leer, hubo personas que para lograr una meta debieron intentar y experimentar varias veces en su vida y pensé que si ellos pudieron yo también podía lograrlo.

¡Así fue que me largué!

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