CAPITULO I ¡ Así que me largué !
CAPITULO II Preparación del equipo
CAPITULO III ¡Embarcación al agua!
CAPITULO IV Por el Paraná
CAPITULO V Río de la Plata y Cangrejos
CAPITULO VI En el mar
CAPITULO VII Villa Gesell
Recomendaciones y experiencias en el mar
Recorrido
Elementos y materiales
Agradecimientos
PREPARACION DEL EQUIPO
Lo primero que teníamos que conseguir era que la embarcación flotara con toda la carga que iba a llevar, aún en el caso de que se diera vuelta. Entonces se nos ocurrió llevar una garrafa de aire comprimido y una cámara de camión con un mecanismo especial para que se inflara en caso de que se diera vuelta el bote.
Además debíamos conseguir máquina de fotos, una radio, que se pidió a Prefectura Nacional Argentina, botiquín completo con suero antiofídico, una carpa y bolsas para dormir, etc, calculando todo con el peso que podíamos llevar.
Otra tarea consistía en reunir direcciones, contactos en Buenos Aires y en Villa Geseli, en realidad tantas cosas, que parecía que se nos escapaban de las manos, pero con mucha paciencia y poco a poco se fue conectando todo y comenzaron a salir las cosas.
El gas nos fue proporcionado por la empresa Gasnor que en un primer momento nos ofreció un tubo que medía dos metros y pesaba trescientos Kilos; claro está que no podíamos llevarlo en la embarcación, así que teníamos que conseguir algo acorde; entonces la misma firma nos proporcionó un tubo de aire comprimido para buceo, que luego de que se le adaptaron unos mecanismos especiales, dieron como resultado un invento útil. ¡El único inconveniente que presentaba este tubo cargado era que en caso de golpearse podía llegar a explotar como una bomba...!
A esta altura teníamos también el equipo de salvamento completo. El botiquín y el suero antiofidico que nos fue proporcionado por la familia Figueroa, luego de haber recorrido todo Rosario y solicitado a la Municipalidad, a la Prefectura, al Ejército y finalmente al Canal 3, que jugó un papel muy importante al hacerse eco de nuestro pedido y conectarnos con la única farmacia en la ciudad que lo tenía.
Gracias a Jorge Largacha conseguimos los mapas, que al ser muy grandes tuvimos que reducirlos y además plastificarlos para poder llevarlos en la embarcación, bien a mano y evitar que se mojen.
El copis o chubasquero lo hicimos nosotros, compramos la lona, la llevamos a coser a un zapatero amigo nuestro que de acuerdo a un invento, resultado de una idea que yo tenía, pudo confeccionarlo. También inventamos el rompeolas, porque no había ningún molde para copiar, pero como no pudimos modificando la matriz que estaba hecha, no quedaban muy bien, pero hasta ese momento no había otra solución, así que lo pegamos y remachamos aún sabiendo que cuando golpeara el agua entraría, pero no demasiado.
La soga náutica y los Botadores que tenía que llevar la garrafa de aire comprimido se los compré a un señor que además tuvo el gusto de regalarme el boyero que usaba su hijo cuando aprendió a nadar. Para él esto tenía un gran valor afectivo porque su hijo, ya mayor, era un bebé cuando lo usaba como flotador poniéndoselo debajo de la pancita.
Entre otras cosas también necesitábamos una gorra y otro buen amigo, Santi, me la prestó para que me acompañara en el viaje ya que él no lo podía hacer.
Así se fueron acercando los días, con Alejandro nos entrenábamos muy poco porque estábamos muy ocupados con todas las diligencias del viaje y recién la última semana pensamos en practicar la convivencia y lo llevé a vivir conmigo. Este es un tema muy delicado pero es una de las cosas más importantes que tiene un viaje. Aparte del timón, los remos y toda la parte técnica, no se debe descuidar la parte humana. Personalmente no lo tuve muy en cuenta, sabía que era complejo pero no tanto. Durante esa semana reunimos todo el equipo, preparamos las bolsas, organizamos los últimos detalles tratando de no olvidar nada y juntos nos fuimos despidiendo de todos nuestros amigos. La experiencia estuvo bien, no hubo muchos problemas, ahora nos conocíamos a fondo y durante los días que durara el viaje íbamos a remar con los remos pero con el pensamiento puesto en cada uno también.
A esta altura teníamos todo organizado, faltaba solamente una cosa: organizar la vuelta. Me preocupaba mucho la vuelta, sobre todo el regreso de la embarcación. Si llegaba bien a Villa Gesell yo quería que regresara a Rosario en buenas condiciones. Entonces hablé a tres amigos que tenían camioneta para que fueran a buscarnos, porque quería transportarla yo mismo. Mis amigos, apenas los llamé me dijeron: 'Bueno, llamame cuando llegues a Villa Gesell que yo te voy a buscar'. Jorge Largacha, uno de ellos, me dijo que dependía de su viaje a Puerto Madryn pues iba a intentar llevar un velero snipe para probarlo allá.
TRAMP II: el nombre de la embarcación, así como otras inscripciones, las pintó Guillermo Fernández Koller, arquitecto, primo de un amigo mío que está viviendo en Buenos Aires.
El equipo y el regreso estaban listos. Restaba la partida; así que comenzamos a organizar el transporte de todas las cosas que teníamos reunidas en el departamento, las que al final no parecían ser tantas pero sí bastantes.
Para esto lo elegí a Valotto, un amigo de rugby a cuyos hijos yo les daba clases un buen tipo. El se ofreció a ayudarme con su combi. Yo dispuse salir el día 1 de enero a las cinco de la mañana por lo que tuvimos que coordinar el traslado, ya que el 31 de diciembre cada uno estaba festejando fin de año con su familia en diferentes lugares de Rosario.
Luego.de brindar con nuestros padres, a las dos de la mañana fui a buscar a Valotto a su casa y con sus chicos fuimos al departamento donde estaban los bultos preparados para ser cargados en la combi; mucha gente estaba allí festejando el fin de año y recibiendo al nuevo. Por fin cargamos todo prácticamente a presión.
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