TRAVESÍA CANAL LA BRAVA (Ruta 8) – SALADILLO (Ruta 6)

Casualmente, en la cena anual del re-encuentro de la Promoción 1976 del entonces Colegio Nacional de Villa María, uno de sus integrantes, JORGE IPPÓLITO, manifestó su interés por recorrer los Bañados del Saladillo en dos días de remo. Fue así que recibí su invitación para acompañarlo, la cual acepté con particular expectativa.

Dentro de los preparativos para este periplo, estuve abocado al relevamiento geográfico de la zona, teniendo como tarea principal el manejo de la cartografía, la captura del recorrido y el monitoreo de nuestra marcha; para ello se utilizó importante documentación del Instituto Geográfico Militar, imágenes satelitales de la CONAE, programas específicos para el tratamiento de la información y un navegador satelital o GPS Garmín III+.

Finalmente, el grupo se integró de la siguiente manera: JORGE HIPÓLITO y su hijo AGUSTÍN en piragua, DIEGO VILLAFAÑE y quién suscribe, ROBERTO MILANO en kayaks individuales.

Primer día

Sábado 30 de noviembre de 2002, a las 04:00 hs. de una mañana muy cubierta de nubosidad amenazante de lluvia, partimos rumbo al punto de inicio, previo paso por el cruce de La Carlota, desde donde seguimos por la Ruta N° 8 hacia el Este.

Minutos antes de arribar al lugar, comenzamos a recibir las primeras gotas de lluvia que posteriormente nos hicieron acelerar el estibado de nuestros bártulos, no pudiendo preparar nuestras embarcaciones de manera muy ordenada.

Fue así que bajamos los botes por la barranca del Canal La Brava, consumimos algunos alimentos energéticos y nos pusimos en movimiento a las 06:45 hs. tomando rumbo de sur a noreste. La lluvia se incrementaba cada vez más resonando en el cauce, mientras examinábamos con asombro una geografía de barrancas de considerable altura, las que nos aislaban visualmente de toda observación costera. Aún así, pudimos evaluar que nos desplazábamos por un ambiente hostil, inhóspito con una vegetación escasa, sin árboles y con muy poca fauna; por el contrario nos sorprendió la gran cantidad de peces que vimos a lo largo de varios kilómetros, principalmente carpas de buen tamaño saltando a nuestro alrededor, las que nos mantuvieron entretenidos por largo rato.

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Los primeros kilómetros fueron navegados en profundidades variadas: calculábamos más de 2 mts. y por momentos atravesábamos grandes bancos de toscas que nos mantenían atentos para no encallar.

La mañana prometía agua por varias horas y paulatinamente el viento incrementaba su intensidad haciendo más adversas las condiciones climáticas, respirando un persistente olor a agro-químicos, tal vez potenciados por la gran humedad reinante.

Según nuestra cartografía y el GPS, habiendo recorrido aproximadamente 10 Km., a las 08:20 hs., y a la altura de la Estancia Loboy, comenzamos a ser maltratados por un fuerte aguacero acompañado de un viento huracanado, que hacía que perdiéramos contacto visual entre nosotros, tras lo que tuvimos que redoblar el esfuerzo para resistir la violencia de una naturaleza poco amistosa. Como agregado a este comentario, más tarde nos informaron que a una distancia de 35 Km. se había producido un fuerte tornado, cuya "cola" probablemente fue la que vivimos.

Lentamente avanzábamos por el canal, observando que las barrancas se habían transformado en cascadas que descargaban grandes volúmenes de agua barrosa, provenientes de los campos aledaños. Un cuadro muy peculiar y a la vez sorprendente. Pudimos ver que rápidamente el cauce aumentaba su nivel y la velocidad de la correntada, arrastrando sedimentos y gran variedad de basura "olvidada" por el hombre.

Pasado el mediodía, a las 13:05 hs., sin lluvia, nos tomamos el primer respiro. Aprovechamos para hacer costa, lo que no era fácil, y nos detuvimos en una zona barrosa; pero al fin podíamos bajarnos de nuestros botes. Almorzamos y reacomodamos la carga, especialmente los tripulantes de la piragua, quienes habían recibido el mayor castigo.

Luego de reponer energías, nos embarcamos. y continuamos la travesía. Al poco tiempo el cielo comenzó a cubrirse nuevamente, pudiéndose divisar que hacia nuestro rumbo había lluvia segura. Nuestro próximo reagrupamiento se produjo en el centenario Puente Salvay a las 14:25 hs., vieja estructura de hierro retorcido que mediante reparaciones precarias aún servía a los lugareños para atravesar el cauce del Saladillo. Ya al partir de este lugar, a las 15:09 hs. , acordamos que Diego y yo, nos adelantaríamos para llegar primero al camping y encontrar ubicación. De acuerdo a nuestra planificación, éste sería en un predio preparado para el esparcimiento de la gente de la zona, situado inmediatamente después de pasar bajo el puente carretero, entre las localidades de Monte Maíz al este y Wenceslao Escalante al oeste.

A unos 6 Km. luego del Puente Salvay, a las 16:01 hs., apareció en nuestro recorrido un puente nuevo y que no estaba en la cartografía. Nos detuvimos para hablar con pescadores y gente de descanso, quienes, como siempre, ven con singular simpatía este tipo de travesías, llenándonos de curiosas preguntas que nos reconforta responder .

Una vez más la lluvia se hacía presente. Copiosa y fría comenzaba a resentir los vapuleados cuerpos, deseosos de llegar a la finalización de la primera jornada.

Sin más pausas, a las 17:22 hs., y frente a una imponente embarcación para dragado, pasamos bajo el puente carretero y el de ferrocarril, viendo a la derecha del cauce, los primeros árboles de toda la travesía. Allí bajamos de los kayaks bajo una cortina de lluvia, observamos fogones, y más en lo alto, pequeñas edificaciones que fui a investigar. En el lugar, se apersonó uno de sus encargados, con el que pactamos a una tarifa casi irrisoria para pasar la noche. Diego se quedó en la costa a la espera de Jorge y su hijo Agustín. El lugar "contratado" constaba de un salón en construcción, que en el futuro sería la sede y el buffet del camping.

Regresé a la costa y con Diego comenzamos a trasladar nuestros kayaks hacia nuestra pasajera morada. Luego volvimos al río a esperar a los canoeros, quienes venían algo retrasados, ya que padre e hijo hicieron de este periplo una salida de aventura, vivenciando momentos imperdibles, y tal vez, deteniéndose a perseguir algún que otro bicho del lugar.

Desde el puente los guiamos hacia el lugar de recalado. Descargamos las bolsas del pesado cargamento y con la mirada curiosa de algunos refugiados moradores del predio, fuimos distribuyendo el equipo bajo ese inconcluso salón, que para nosotros era como haber llegado al mejor hotel.

El espacio era bastante amplio, y como si esto fuera poco, amablemente pusieron a nuestra disposición una cocinita con todos los elementos básicos y un asador bajo techo: una joya !!.

Agustín, de tan sólo 10 años, estaba empapado y con mucho frío. Tuvo la suerte que los cuidadores le prestaron su baño privado para que bañara, pero esta vez con agua caliente. Poco a poco fuimos desplegando todo el equipo y a cambiarnos toda la indumentaria por ropa seca. Armamos la carpa y ubicamos las bolsas de dormir. Nos comunicamos vía celular con nuestras familias, las que nos manifestaron que en muy poco tiempo había llovido más de 100 mm3. por Villa María y zona. Jorge, encendió fuego para dar comienzo a lo que sería un merecido matambre a la parrilla. La noche cerrada se iluminaba con relámpagos y truenos que indicaban la continuidad de una tormenta que se prolongaría por varias horas más.

Llegó la hora de sentarse plácidamente y compartir una pequeña mesa con asado, que a pesar de su tamaño se hizo grande. Charlamos largamente el día vivido, y analizamos el futuro de la travesía si el tiempo no cambiaba. El trajín del día hizo que aceleráramos el ordenamiento de los utensilios de la cena, para inmediatamente desfilar rumbo a la zona de descanso. Noche silenciosa en la inmensidad del campo. Algunos sonidos hacían eco en el lugar: lluvia, viento, el agua del cauce en la distancia, sapos y donde hay seres humanos, siempre hay perros.

Se completaron 62 Km. de recorrido pasados por agua.

Segundo día

Domingo 1° de diciembre de 2002. El que mejor durmió se levantó primero, era Jorge "Locomotora" Ippólito, quien ya tenía café listo para el desayuno. Poco a poco fuimos despegando, y a pesar del cansancio muscular y del tiempo aun sin definirse, comenzamos a ordenar el equipo para partir rumbo al Puente carretero de la ruta Nº 6, entre Inriville al este y Monte Buey al oeste.

En la costa se habían dado cita algunos curiosos viendo los preparativos previos a zarpar. Tomamos algunas fotos, nos despedimos agradeciendo las atenciones recibidas, y a las 08:28 hs. del domingo salimos con la casi seguridad que no habría lluvias.

Los primeros kilómetros se presentaban con un recorrido serpenteante y con aumento de la vegetación. A 8 Km. del arranque, a las 09:31 hs., nos encontramos con el Puente Nuevo que sólo une caminos rurales. Los kayaks tomaron la tarea ir a la cabeza del grupo inspeccionando y alertando ante cualquier inconveniente. Dentro de una jornada tranquila, a las 10:34 hs., percibimos a la distancia un sonido de aguas movidas, lo que luego sería un vado o puente desgranado sobre el cauce del río. Observamos el lugar de paso, eligiendo lo menos arriesgado para la integridad de las embarcaciones, ya que toda la masa de cemento se encontraba desmoronada presentando peligrosas salientes. Pasamos con extremo cuidado, nos quedamos un rato a contemplar la fuerza de las corrientes encontradas y regresamos río arriba para esperar a los caoneros, a fin hacerles saber sobre la dificultad que debían pasar. Volvimos casi 500 mts. y los esperamos 70 minutos con impaciencia. Por suerte sólo se habían detenido para probar suerte con la pesca. Le describimos el escenario y les pedí que me siguieran puntualmente para sortear el obstáculo, mientras Diego tomó por la izquierda del cauce nosotros lo hicimos por la otra orilla. Todo salió muy bien y continuamos remando plácidamente.

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Cinco kilómetros más adelante, a las 12:44 hs., estuvimos en presencia del Puente del Almacén Monte Molina, linda estructura de cemento, a cuyo alrededor poco había para ver.

Más adelante, sobre la costa izquierda, vimos un cauce que supuestamente era el Arroyo Chazón, que descarga sus aguas en el Saladillo.

A las 14:18 hs. llegamos al Puente de la Estancia El Venado. Tomando hacia el norte se llega, vía terrestre, a la localidad de Monte Buey distante 13 Km. Allí hicimos un reagrupamiento y almorzamos para reponer energías. Cerca de las 15:00 hs. embarcamos y continuamos con rumbo este-sudeste, recibiendo mucho viento de frente. A pesar de que la geografía se presentaba diferente a la del primer tramo, igualmente estábamos en un ambiente agreste con muy poca gente a la orilla del río, a pesar de que era domingo, y con pocos lugares para acampar o detenerse. Las ráfagas arrachadas y el encajonamiento del cauce con barrancas elevadas, hacían nuestra marcha mucho más lenta. Parecía que estábamos en otro río. Muchas curvas y grandes remolinos formaban extensos remansos que nos hacían mantener alerta. Se observaron grupos de nutrias y algunos chimangos. Las costas desaparecieron totalmente, trasformándose en prominentes montículos de tierra colorada y algo de arena mezclada con miles de caracoles, haciendo imposible cualquier salida de emergencia fuera del río. Esto es producto de la mano del hombre, mediante la utilización de enormes maquinarias retro-excavadoras para el dragado del río. Habíamos acumulado 10 Km. más, contemplando cómo se pueden hacer "buenos negocios con la necesidad ajena". Según lo hablado con los lugareños, algunos políticos de turno, aprovecharon las inundaciones para comprar grandes extensiones de tierras a propietarios de campos virtualmente perdidos. Luego, derivaron las aguas hacia el cauce del río y clin caja: negocio redondo.

Remar y remar es lo que restaba hasta nuestro destino final. Sumamos 10 Km. más y comenzamos a tomar rumbo noreste sin encontrar un mísero espacio para parar.

Siempre el mismo paisaje. Enormes montículos de tierra y ninguna señal de vida. Por ahí, algún ermitaño pescador temeroso ante nuestra presencia.

De pronto, y a corta distancia, vimos un bote sobre la izquierda del río, lugar donde había varias máquinas para el dragado del canal. La sorpresa es que el cabo de amarre estaba flojo. Alertados por la situación, descubrimos que un alambre cruzaba de una orilla a la otra, a 40 cm. sobre el agua. ¡Qué peligro!. Aparentemente, era utilizado como guía para trasladar, en bote, a los obreros de un lado a otro del cauce. Este cuadro de situación es bastante frecuente, donde hay quienes no piensan que los ríos pueden ser transitados libremente, sin medir las consecuencias que esto puede acarrear.

Diego, con su maniobrable kayak, se encargó de liberar el alambre y de esa manera pudimos pasar y dejarle el camino limpio a nuestros compañeros, los canoeros, quienes seguramente hubieran tenido que lidiar con el obstáculo.

Seguidamente buscamos referencias que figuraban en la cartografía, pero no encontramos ninguna. Parecía que hasta el cauce había sido desviado.

Ya rondábamos las 17:00 hs., y con rumbo casi norte, comenzábamos a percibir imágenes que indicaban la proximidad de alguna población. Entre los montículos de tierra, apareció por un instante la figura de la Capilla del Saladillo, con su impecable pintura blanca y celeste. Serpenteamos algunos tramos cortos y finalmente el GPS nos indicaba que pronto estaríamos en el puente carretero de la Ruta N° 6.

A las 18:10 hs., en una tarde parcialmente nublada y a veces con Sol, desembarcamos bajo el puente, donde se acercaron curiosos personajes de la zona, quienes se interesaron por la travesía. Mientras subíamos los kayaks a la vera de la ruta, se presentaron los amigos de Jorge, quienes estarían encargados de transportarnos de vuelta a Villa María. Calentamos agua para unos mates y seguidamente llegaron los Ippólitos. Cansados y muy contentos nos saludamos felicitándonos por la travesía.

Comenzamos con la carga de los botes en el trailer y emprendimos de regreso a casa.

En el viaje revivimos situaciones y evaluamos la travesía. Un recorrido más en nuestro haber. Algo muy especial y diferente, recomendable exclusivamente para quienes gustan de una travesía con un paisaje hostil.

Se completaron 58 Km. de recorrido en la segunda jornada.

Trayecto total de la travesía: 120 Km.

 

Roberto Milano

(P)2002