RELATO DE PATON LUNA

 

Es el enorme gusto de navegar, conocer, vivir con la naturaleza, no sé si estas líneas puedo hacerles saber todas mis vivencias, pero… lo intentaré.

No voy tras un récord de superdistancia, no voy tras una mayor permanencia en el agua, voy, sí, tras un “disfrute” total, de vivir la aventura, la naturaleza…

Comencé a remar el 21 de setiembre, integrando la travesía “TRES RIOS PARA UNA AVENTURA”, desde la localidad chaqueña de Villa Río Bermejito. Tuve la oportunidad de ir por tierra con un remero veterano oriundo de la localidad de Villa Gobernador Gálvez (Santa Fe), el “Negro” Néstor Moreno, a quien le doy las muchas gracias. Hicimos noche en la localidad de Presidencia Roca, un lindo pueblo a orillas del Bermejo, al día siguiente continuamos viaje a Pampa del Indio, de aquí hasta Bermejito, ya se podían ver los primeros montes, caminos de tierra más o menos buenos y un tierral enorme. Chaco para mí es sinónimo de sequía, selva y calor, mucho calor… mucho…

La noche previa a la zarpada dormí sobre mi bolsa, disfrutando de una noche espectacular, sin mosquitos y con un cielo tachonado con millones de estrellas.

En éste lugar tuve contacto con los primeros tobitas, unos guachitos por demás de hermosos; piel color bronce, pelo renegrido y unos dientes blanquísimos ¡ hermosas criaturas !

Durante el recorrido por el río Bermejito, otro amigo, Daniel Reyna, del club Excursionistas de Santa Fe, que realizó el raid hasta Puerto Antequera, no salía de su asombro.

Ya en el Río Bermejo la cosa se puso más hermosa de lo esperado, las enormes nubes que se iban formando anunciaban lluvia, después de cinco meses que no caía ni rocío, comenzó a llover, que digo llover ¡ Diluviar ! ¡ Luego… el sol ! Lo que vino después fue realmente maravilloso, el bosque se lavó todo y hubo un estallido de mil colores y variedades de verdes… ni que decir de los olores…floreció todo junto, lapachos rosados, lapachos amarillos, jazmín paraguayo, bromiláceas, campanillas rojas y celestes…en fin, todo un verdadero show para el olfato y la vista.

Los días iban pasando, amaneceres hermosos y atardeceres más lindos todavía, además acompañado por el estridente sonido de los monos carayá y los cientos de sonidos del monte. Al amanecer se podían ver familias de carpinchos, coatíes, monitos, todos iban a abrevar al Bermejo, también pude ver unas hermosas “curiyú”, y las aves…un punto aparte: garzas, cigüeñas, tucanes, tuyu-yú coral (son aves zancudas muy grandes, completamente blancas y con su cuello mitad rojo y mitad negro), cuervos, urracas, y no que cantidad de pajarracos…

Los días se sucedían, sol, lluvia, y km. que iban pasando…

Mi barco STARLOC, al que bautice con el nombre “DISTANCIA”, se portaba por demás de bien, lo único que hacía era cargar y cargar; junté muchas semillas, unos cuernos, una mandíbula inferior de jabalí, helechos, unas orquídeas hermosas, piedras, un trípode de hierro que me regalaron, todos recuerdos del hermoso Bermejo; todavía faltaba para mi otro gran desafío: el majestuoso Paraná…

En la confluencia, donde el Bermejo desemboca en el río Paraguay, una “cancha” inmensa, festejé mi salida a este gran río tomándome una latita, eso sí, al natural, junto a mi amigo Dani Arregui, el Dr. Cabrera y el “Gordi” Bazán, responsables de esta maravillosa remada.

Por el río Paraguay con destino a Puerto Bermejo donde hicimos campamento, al día siguiente acampamos en la localidad paraguaya de Humaitá, para dirigirnos luego a la Isla del Sol, más conocida como Isla del Cerrito, donde en horas de la tarde arribo bajo una intensa lluvia, pero muy feliz, ya estoy en el gigante de los ríos… En la Isla del Cerrito llovió toda la noche y al día siguiente, luego de unos buenos mates y ya todos festejando casi la finalización de la aventura, remando hasta el Puerto Antequera, entrando por el arroyo del mismo nombre donde se encuentran las instalaciones del Club Yapú Gauzú, lo más importante de todo esto es que nos esperaban ¡ con un suculento asado ! Cerca del mediodía ya se notaba el clima de recibimiento, muchas embarcaciones salieron a nuestro encuentro, incluso un G.C. de P.N.A. que nos venía acompañando desde la isla del Cerrito hacía sonar su estridente sirena. Luego del asado y entrega de diplomas y certificaciones, comenzó la desconcentración, abrazos y lágrimas a cada momento, intercambio de direcciones, tarjetas, fotos, banderines, en fin, una despedida llena de emociones. Vicente y Oscar, dos scouts de Formosa, me regalaron un mate y bombilla de caña con dedicatoria y todo. La gente se fue despidiendo, se fueron yendo y ya a la tardecita quedé completamente solo… al otro día comenzaría mi tan esperada segunda etapa en solitario, a orillas del riacho Antequera. Pasé la noche, un momento inolvidable, bajo un cielo lleno de estrellas, mi mente y mi corazón navegaban a mil… cuantos recuerdos, cuantas anécdotas en estos primeros 17 días; ahora me esperaban unos cuantos días más por el Paraná. Aquí ya cambia completamente todo: la vegetación, las distancias que se hacen enormes, hay viento Sur, o del Este…

¡ Ahora te quiero ver “Distancia” ! Veremos como te portás… Muy cargado mi barco, con su línea de flotación casi, casi por debajo del agua, llevaba alimentos para entregar a un “mayonero”, un tal “Patrón” que vive en la punta Norte de la isla Cabral y otros alimentos para el Maestro Cano, que vive haciendo patria en la Isla Tacuani (Prov. De Chaco), donde enseña a leer y escribir a un grupito de 20 niños, con todo esto se dan una idea de cómo iba mi barco, ¿no?

Todo venía sucediendo sin ningún tipo de contratiempo, pero… Siempre hay uno. Desde la localidad de Bella Vista (Ctes.) donde estuve parando y muy bien atendido, se los recomiendo, hasta Goya (Ctes.) –90 km- pasó algo realmente hermoso, a las 6 de la mañana del viernes 17 ya estaba preparado, tomando unos mates con el marinero “Ché Cambá” y don Juan Carlos Toraza, propietario del complejo.Me aconsejaban no zarpar pues tenia en un momento sudestada, pero como estaba atrasado y sabiendo las cualidades de mi “Distancia”, a las 7 hs. y luego de abrazos y fotos, puse proa a Goya. Al pasar por el edificio de P.N.A. hice sonar mi silbato para que sepan que yo navegaba; el personal del destacamento salió a despedirme con los brazos en alto. A las 11 hs. empezó a llover, el Paraná  había hinchado su lomo, y mucho, haciéndose sentir… Viento Sur y lluvia no eran todavía inconvenientes, por supuesto con cubrecockpit, equipo de agua, chaleco y mi “Distancia” avanzaba.A las 18 hs. el viento comenzó a aflojar y también dejó de llover, gracias a la Virgen Stella Maris, todo se iba desarrollando perfectamente. Entré a Goya oscureciendo y con algunas estrellas y a las 20 hs. toqué el muelle de P.N.A. Fueron 13 horas inolvidables de navegación. Una vez en tierra firme me dispuse a sacar ropa seca para cambiarme y grande fue mi sorpresa al comprobar que los tres tambuchos estuvieran totalmente secos ¡A pesar de toda el agua que cayó no entró una gota!
Goya - Esquina, este trayecto me llevó dos hermosas jornadas de navegación; digo hermosas pues salí del curso del Paraná y navegué por “adentro”; arroyos como el Guarapo, el Soto, arroyitos angostos, hice campamento en un lugar llamado “la Boca del Caduco”… indescriptible su belleza. Luego de Esquina, a La Paz (E.R.), 90 km. que recorrí por el riacho Espinillo, viendo a mi derecha la gigante isla Curuzú Chalí. Los kilómetros pasan, al igual que los paisajes deslumbrantes y ya faltan poquitos días para estar junto a mi querida familia.

Una parada obligada que recomiendo es “Puerto Curtiembre”, unos kilómetros río abajo de Hernandarias (E.R.), allí siempre paso la noche en “La Taberna de Moe”, un lugar acogedor atendido por Daniel y su esposa Moni, con ducha, sanitarios y lo más importante: ¡Porrones fríos!

Ya prácticamente estoy en mi casa, llegando a Paraná salió a mi encuentro un grupo de remeros amigos, comandados por el “Poyo”, y por supuesto, llegando al muelle de P.N.A. me estaban esperando como siempre los “gringos” Carlos y Héctor Zanabria, dos personas de aquellas. Como es de imaginar por la noche en la casa de Carlos: choris y porrón Santa Fe ¡bien helado! A la mañana siguiente me acompañaron al muelle a largar mi “Distancia” hacia la última etapa: Paraná – Santa Fe. Nos despedimos con unos fuertes abrazos y con algunas lágrimas de emoción y alegría…

Ya Santa Fe esta al alcance de mi vista y vienen a mi mente cientos de recuerdos hermosos. A mi encuentro viene mi amigo Dani Reyna, aviso a Prefectura Santa Fe  y pongo proa a Santo Tomé arribando por el Río Salado. Diviso mi querido Club “El Julepe” donde me esperan, mi corazón a mil, veo ya en la costa a mis hijos, a mi esposa, lágrimas, abrazos… llegué. Aunque al principio parecía una idea descabellada, este raid llegó a su fin con total éxito, gracias a la virgen Stella Maris, patrona de los Navegantes.

Un agradecimiento muy grande a P.N.A., que tanto empeño pone en ayudar a los raidistas; al Dr. Julio Luna; a Tito Sa Pereyra; a Julito Frutos que me preparó un flor de botiquín; al profe Fabián Luján; a la Armería El Pájaro Loco; a la Dirección de Deportes de la Provincia de Santa Fe; al Sr. Carmelo Rolón; a mi querido Club El Julepe; y uno muy grande a Hugo Sírtori, por haber diseñado y personalizado este Starloc, pues tuvo en cuenta que soy amputado de mi pierna izquierda por encima de la rodilla.

No quiero despedirme sin antes ofrecerles mi ayuda a todos quienes quieran saber más acerca de este raid, incluso poder oficiar de guía.

Ahora sí, un GRACIAS BIEN GRANDE, y hasta cualquier momento. Un muy fuerte abrazo.

  

Patón Luna

Noviembre de 2003